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¿Por qué duele la Rodilla?

Con el pasar de los días Rodilla se sentía más y más cansada. La relación con sus hermanos Tobillo y Cadera la tenía francamente agotada. Indiferentemente de si subía o bajaba, sentía que era ella y solo ella quien llevaba toda la carga a cuestas. Rodilla tenía sus momentos de introspección. Se preguntaba -¿Por qué …


24-04-2020

Con el pasar de los días Rodilla se sentía más y más cansada. La relación con sus hermanos Tobillo y Cadera la tenía francamente agotada. Indiferentemente de si subía o bajaba, sentía que era ella y solo ella quien llevaba toda la carga a cuestas.

Rodilla tenía sus momentos de introspección. Se preguntaba -¿Por qué tenía que estar entre Cadera y Tobillo?- Se sentía como el hermano del medio, aquel incomprendido y distinto. Estaba desconsolada por varias razones, pero sobre todo porque la gente acostumbraba quejarse más de ella que de sus hermanos, no obstante, por más que lo pensaba seguía sin entender esa lógica.

Tobillo su hermano menor, usualmente se doblaba y descarrilaba. El muy tonto siempre se iba hacia adentro si se tropezaba con un bache o un desnivel;  y parecía que entre más se doblara menos aprendía. Tobillo tenía múltiples opciones de botas y vendajes, además de calcetines que lo cubrían entero o lo dejaban descubierto. Era tan mimado que inclusive en ocasiones le ponían pulseras a su alrededor. Finalmente y para colmo de males después de cualquier metedura de patas, Tobillo dejaba a la pobre de Rodilla y Cadera casi imposibilitadas.  ¿Qué culpa tenían sus hermanas de la torpeza de ese chiquillo?

Cadera por su parte, se las daba de hermana mayor, ciertamente la conformaban dos huesos grandes (Fémur y Coxal) sin embargo esto no le daba derecho a ser una engreída. Se creía especial por las miradas que robaba al pasar, además, aseguraba ser la más honesta por aquello de «Las caderas no mienten».
Creía que tenía poder sobre todos puesto que cuando salían a bailar era ella quien dirigía cada paso. La gente en la pista de baile decía «a mover la Cadera» pero nunca decían cosas como  «a menear las Rodillas» o «a sacudir los Tobillos»  Cadera tenía más nombres que cualquiera de sus hermanos; de cariño le decían Pompis, Cola o Poto, y otros más refinados le decían Nalga, Posadera o Derrier. En fin, eran demasiadas cosas… hacían concursos sobre ella, se preocupaban sobre cuanto media, chismoseaban a sus espaldas sobre si estaba caída o no, acerca de si era natural o tenia de esos retoques que la dejaban  pomposa. Todo el mundo hablaba de ella, era prácticamente una Kardashian.
Rodilla se preguntaba – ¿Por qué tenía que estar ella a los pies de Cadera?- Quién la creía ¿Su sirvienta?

Todas las razones tenía Rodilla para sentirse incomprendida. Estaba abrumada de ser señalada como la culpable de cualquier fracaso. Muchos decían que habrían sido como ese tal Messi si no hubiese sido por ella, otros la culpaban  por dejarlos fuera de la actividad física y el deporte.  La historia siempre empezaba con un “Yo era un gran corredor, deportista, bailarín… hasta que me lesione la Rodilla

La gente encontraba que la forma más honesta de pedir perdón o matrimonio era apoyándose sobre ella, es más, hasta habían inventado un verbo para eso, le decían  «Arrodillarse». Pero ese verbo sonaba denigrante, se sentía no solo presionada sino también rebajada.  Tan humillada como cuando la llamaban «Chueca» o «Rodillijunta» para ella no habían nombres lindos y variados como los de esa presumida de Cadera.

Un día, abrumada por el nivel de estrés empezó a sentirse físicamente mal, ya no era solo agobio por la mala relación con sus hermanos, ahora era un dolor físico, un dolor  interno. La especialidad de rodilla era doblarse y extenderse pero ambas cosas empezaron a ser terribles para ella. Cada paso se convirtió en un martirio. Ni hablar de cuestas y escaleras. Rodilla decidió dejar de moverse, se puso rígida, pensó que quedándose quieta encontraría la solución, pero seguía empeorando cada vez más. Probó varias cosas que había visto en internet. Trató con hielo, calor, cartílago de tiburón, cruz de Golgota, aceite de cannabis, sanguijuelas, ventosas, colágeno, agujas, picaduras de abeja y recetas de la abuela; pero nada funcionaba. Incluso se sometió a una intervención en que la abrieron y le introdujeron una maquinita para tratar de repararla por dentro, cual si fuese un coche viejo de esos que hay que alinear y balancear. Pero ella seguía igual. Rodilla estaba sola y desamparada. Le provocaba ponerse a llorar de rodillas pero eso le parecía una redundancia.

Sus hermanos Cadera y Tobillo pronto empezaron a sufrir por el malestar de Rodilla, ya no podían ser indiferentes, no podían dejar a su hermana abandonada en su soledad. Había que mejorar esa relación. Así que con la mediación de Cabeza «que era la más inteligente» los tres conversaron a fin de resolver sus diferencias.
Cadera recordó que ella se movía bien en la pista de baile gracias a que Tobillo no tropezaba y a que Rodilla se mantenía lo suficientemente lista y atenta como para marcar el paso o agregar sutilezas. Cadera aceptó que eso de que a Rodilla le dijesen «Chueca» era culpa suya en muchas ocasiones. Tobillo se disculpó con sus hermanas por  los malestares que ocasionaba tras cada desliz, prometió que haría todo lo que estuviese en sus pies para convertirse en un hombre más equilibrado, además, juró usar calcetines cortos y de colores sobrios para no llamar mucho la atención.

Después de una conversación llena de lágrimas y abrazos se dieron cuenta que los tres no solo eran simplemente hermanos, sino un equipo. Y para salir de aquel embrollo necesitaban trabajar juntos. Se dieron cuenta que no se trataba de cómo se giraba Cadera, se doblaba Rodilla o se extendía Tobillo, sino de cómo los tres eran los que hacían posible caminar, bailar, subir una escala, saltar o correr. Cada uno dependía del otro. No había una jerarquía sino potencialidades. Siempre se habían visto como hermanos con personalidades diferentes pero eran ante todo una familia unida.

Sin embargo, era tal el abismo en el que estaba Rodilla que la ayuda de sus hermanos no sería suficientes. Así que decidieron llamar sus primos musculosos.

Como muchas familias esta tenía muchos primos, había unos más allegados a Cadera, otros más a Rodilla y otros más a Tobillo. Pero a la final familia es familia y estos primos eran todos unos fortachones, simplemente había que reclutarlos. Llamaron a la familia Glúteo, los cuales eran tres hermanos: Glúteo Mayor, Medio y Menor, familia que en el bajo mundo les decían «El Culo». Despertaron al potente Cuádriceps y a ese vecino suyo que vivía en la parte de atrás, el Isquiotibial. Reclutaron también a Gemelo que era muy unido con Soleo «Les decían el “Equipo Pantorrilla”» Convocaron a todos los primos chicos que vivían en los barrios bajos del pie y a otros de los que casi no se acordaban como el Tibial Posterior y la pandilla con ese nombre intimidante de «Ramillete pelvitrocanterico».

Una vez juntos solo quedaba una opción: ir paso a paso. Cada uno empezó a adquirir responsabilidades, a explorar nuevas opciones para que Rodilla no llevase toda la carga. En ocasiones Rodilla sufría con algunas medidas que se tomaban, entonces trataban con otra estrategia, pero nunca dejaban de moverse. Poco a poco para Rodilla ya no era problema doblarse o extenderse, sabía que no estaba sola; ahora era una chica que se movía sin amarguras.

La familia se dio cuenta que si cada uno aportaba el máximo de su potencial podían convertirse en algo así como un  Barcelona, un Real Madrid o un Amazon, es decir, en un equipo ganador,  una entidad indisociable donde puede que en ocasiones unos brillen más que otros pero donde para ganar se necesitan todos.

Macías López J.A
@jmaciasfisioterapeuta

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